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viernes, 7 de febrero de 2014

ELA, MALDITA








    ELA, malvada  

Me siento como un árbol viejo, al que se le secan las ramas y va muriendo poco a poco.
ELA, maldito el día que te conocí y empezaste a formar parte de mi vida, tu invasión fue lenta pero muy dañina, empezaste por mi garganta dejándome sin poder hablar, evitando que mi alegría la pudiera compartir con demás y con mis seres queridos, siempre fui el tonto de la fiesta, pero que feliz y que bien me lo pasaba.
Por lo visto te supo a poco y me complicaste la vida con la alimentación e hidratación. Siempre fui amante de comer y no me cansaba de ello, me comía lo mío y lo de los demás, todo me parecía poco y eso sin contar el tema de los postres, he sido y soy muy goloso. 
Fue entonces cuando interviene la medicina y mediante una PEC me solucionan el tema de alimentación e hidratación, el comer había pasado a un segundo término, tenía que aceptar la situación y lo que sí puedo decir, es que no lo he conseguido aceptar.
Entonces empiezan los problemas respiratorios, obligándome a depender de una máquina para poder descansar y hacer las noches más llevaderas.
Hay un dicho que dice, cuando no puedas con tu enemigo únete a el, eso fue lo que hice.
Fue entonces cuando me volqué en hacer bicicleta y aprovechar el tiempo, sin saber del tiempo que disponía para ello, ahora miro hacia atrás y veo que aproveche el tiempo, fueron muchas cosas las que llegue hacer.
Al principio se me hizo muy duro aceptar la crueldad de esta enfermedad llamada ELA  y a las pruebas que me estaba sometiendo.
Me dio la oportunidad de hacer el camino de Santiago e ir a Zaragoza, aproveche el viaje para llevarle una petición a la virgen del Pilar, no he obtenido respuesta alguna, seguiré esperando.
Dentro de lo malo tengo buenos recuerdos, hace un tiempo tuve que dejar de ir en bici, ahora debía aprovechar el tiempo de otra manera y adaptarme a la situación en cada momento, presiento como será su final, pero mientras tanto disfrutare lo que pueda.
Iremos improvisando sobre la marcha, el día a día me marcara el camino a seguir y lo que puedo seguir haciendo.
Hace un tiempo hemos empezado con la debilidad de las extremidades, siendo la parte derecha la más afectada, el brazo derecho prácticamente lo tengo perdido. Intento hacer una vida lo más normal posible, pero te ves tan limitado que no puedes evitar que la tristeza inunde tu cuerpo, llegando a pensar que esos cambios de carácter son normales, hay que intentar no entrar en un callejón sin salida.
A veces me pregunto, que habré echo mal, para merecerme todo esto.
Tengo una mujer espléndida, unos hijos maravillosos y unos nietos encantadores, gracias a todos ellos me levanto a diario con 

                                   Jesús Poyatos Martínez.   . 11/12/2013